miércoles, 10 de diciembre de 2014

Un nuevo templo de naipes

Me tiemblan las manos. Después de tantos intentos fallidos un nuevo templo de naipes se alza ante mí. No es nada majestuoso, nada brillante y nada asombroso. Son sólo cartas, unas encima de otras. Pero sólo faltan dos por colocar. No son las cartas las que me ponen nervioso, es mi desafío casi cumplido. Tengo ambas cartas en la mano y aún así dudo. Dudo porque me tiembla el pulso. Un falso movimiento y todo a la mierda. He superado la carta maldita. He superado la carta maldita. Sólo existe ese pensamiento en mi cabeza, y no puedo librarme de él. Exacto, eso es lo que hace que me tiemble tanto el pulso. Tengo que tranquilizarme y armarme de valor, tengo que conseguir que las manos me respondan bien y controlar mi respiración. No voy a volver a fallar. Esta vez no.
Alzo la vista y poco a poco echo un vistazo a todas las cartas que he puesto. Hasta ahora mismo no me había dado cuenta de la enorme cantidad de cartas que había colocado, de lo grande que era el castillo. El dibujo de cada carta es único, el dibujo de cada una representa una cosa distinta. Es entonces cuando veo los dibujos de ambas cartas en mis manos.
Cuando consigo, por fin, librarme de todo pensamiento y controlar mis nervios y mi respiración llevo las cartas a su sitio poco a poco, lentamente. Las dejo caer muy suavemente sobre las que forman el último piso, formando un triángulo. En ella, cuando las dos se juntan formando la pequeña pirámide del pináculo se ven ambos dibujos claramente distinguidos.
Un chico con los brazos erguidos hacia su izquierda, una chica con los brazos alzados hacia su derecha. Y es entonces al juntarse cuando se adivina su significado completo. Un abrazo eterno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Cobardía o coraje

Sentado sobre la rama de ese altísimo árbol, observo el cielo estrellado. De nuevo estoy pensando en ti. Otra vez pensando en aquella que m...