miércoles, 11 de enero de 2012

Templos de naipes

Estoy sumido en un eterno dilema, un eterno juego de naipes con el que construyo un templo, un castillo que más tarde siempre se derrumba. Pero vuelvo a empezar aunque a veces diga: "Bah, a la mierda." Pero, qué maldita manía me ha entrado, y no puedo evitarlo. Cuando se cae, siempre acabo volviendo a montarlo. Siempre es en la misma carta en la que se cae, cuando me falta tan sólo un piso para conseguir acabarlo, la última carta del penúltimo piso. Pero sigo con la duda... ¿Quizá la próxima vez podré poner al menos una carta más? No lo sé. De momento aguanta de pie. Aún me faltan un par de pisos. Sonrío y paro, para tocar un poco con la guitarra esa canción de Bunbury que tanto me gusta y tanto me recuerda a esa persona que está tan lejos y a la vez tan cerca de mí. Y la duda vuelve a mí, más fuerte que nunca. ¿Lo lograré esta vez? ¿Conseguiré ponerla? Me falta sólo un piso para llegar donde siempre me quedo. Vamos a ver... Sí, aguanta. Perfecto. Sólo dos cartas para llegar. Vuelvo a acordarme de aquella canción, y me entran ganas de visitar ese país del que habla. Una carta para llegar. Veo la guitarra, tan triste y sola. Si amaneciera sin ella, ¿qué sería de mí? No lo sé... Sólo sé que, si aplicas la chispa adecuada todo puede llegar a arder. Bueno, aquí está, la carta maldita. ¿Podré colocarla o se deshará otra vez este templo? Vamos a comprobarlo...

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