miércoles, 11 de junio de 2014

Entrenamiento a la espera

Una y otra vez, blando mi poderosa espada de arriba a abajo para ejercitar y calentar los músculos de mis brazos antes del entrenamiento. Suspiro. Aún estoy esperando la llegada de esa persona que me dijo que vendría. Ha pasado mucho tiempo, pero aún sigo esperando. Tensando todos mis músculos, pongo a prueba mi cuerpo comenzando a mover la enorme hoja de doble filo alrededor de mí usando una vez cada mano. La dejo caer y con un golpe seco queda en el suelo, inclinada. Entonces, girando sobre mí mismo trazo un corte horizontal hacia delante y a partir de ahí encadeno varios movimientos que la gran mayoría de personas al verme piensan que es imposible hacer con esta monstruosidad. Desafío las leyes de la gravedad saltando sobre un adversario imaginario, lanzando patadas y un fuerte corte vertical tirando de mi arma para que no llegue al suelo. Necesito descargar mi furia. ¿Furia por qué? Aún no lo sé. La espada sigue moviéndose a una velocidad constante e imposible alrededor de mí. Furia probablemente por mí. Lanzo un potente tajo horizontal. A cada movimiento, la fuerza imprimida en ellos va aumentando. Sin darme cuenta me voy acercando a un árbol cercano. Tajo horizontal y voltereta para esquivar. Nada más levantarme clavo la espada en el suelo de forma vertical y protejo mi cuerpo. Un aura azul rodea la hoja. Salto por encima con un mortal y tiro de mi espada en el aire. Al instante, la hoja traza un arco sobre mí y golpea el suelo de forma contundente produciendo tres cortes en distintas direcciones. Sí, es eso. Estoy furioso conmigo mismo por no saber mantener lo que quiero. Más movimientos. En ese momento me doy cuenta del árbol. Doy un salto hacia atrás para no clavar la espada en el tronco.Si fuera un enemigo probablemente me habría dado cuenta antes. Qué despistado estoy... Y eso me enfurece aún más. Pero controlo mi furia y la descargo en forma de cortes. El aura azul de la hoja aumenta en intensidad. Cuanto más pienso en mis errores más furioso estoy. La hoja brilla con un tono azulado. ¡No puedo permitirme fallar más! Lanzo un fuerte tajo vertical golpeando el suelo de nuevo. Una impresionante hoja de energía de color azul brillante sale despedida, devastando todo lo que encuentra a su paso hasta perderse en la espesura del bosque. Desde mi posición, cogiendo la espada con una mano, me levanto y echo a correr hacia el árbol. Ahora el aura azul me rodea a mí. ¡NO PUEDO FALLAR MÁS! El aura se vuelve opaca y brillante y toma la forma de un dragón. La espada va rozando el suelo. Salto. Y paso el árbol de largo. Cansado, respiro hondo y guardo mi espada en la enorme vaina que llevo a la espalda. Y es entonces cuando el árbol cae, partido en dos mitades. Pero antes de que caiga, mi furia desatada me hace moverme por mí mismo. Cuando me vuelvo hacia él de nuevo ya no soy yo mismo. Dos alas negras adornan mi espalda a ambos lados de mi espada, cuya hoja se ha vuelto negra como el azabache. Alzo mi mano, envuelta en relámpagos de oscuridad. Al instante, toda la furia que llevo es conducida a través de mi cuerpo y los relámpagos inundan todo mi alrededor. Golpean el árbol que aún está cayendo y antes de que llegue a tocarlo ya ha sido carbonizado.
Miro mi mano. La mano de un monstruo. Y entonces vuelvo a suspirar. Soy yo, otra vez. Pero la furia ha marchado. Y tras ella sólo queda el dolor de la incertidumbre.
Supongo que tendré que seguir esperando.

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