miércoles, 11 de junio de 2014

Felicidad momentánea

Despierto sobresaltado. De nuevo, una pesadilla. Espero un rato para que mi corazón se calme y miro alrededor. Todo está en calma, y todo sigue igual. Suspiro y pienso que no sé qué es lo que prefiero, si una pesadilla terrible o una realidad dolorosa.
Esta tensión que siento nunca desaparece... Continuamente vivo con una opresión en mi pecho que mitigo a veces gracias a otras personas... Pero no se va. ¿Por qué? Hay elecciones que resultan muy sencillas, pero otras... Sonrío con pena. Otras son tan dolorosas y tan horribles...
Prefiero no pensar, pero parece que no depende de mí. Mi cerebro se obstina en hacerme una y otra vez regresar a ello. ¿Para qué? Yo ya tomé mi decisión. El resto no es cosa mía. Pero mi cerebro no atiende a razones. Y mi corazón sufre por ello.
Me llevo las manos a la cabeza y trato de sacudir mis pensamientos. Pero el resultado es el mismo. Salgo de casa y me dejo guiar por mis pies, tratando de alejar todo de mí. Una máscara de indiferencia cubre mi rostro. Pero en mi interior todo está tan agitado que parece un huracán. Y duele.
Necesito centrar mi atención en otras cosas...
El coche está cerca y las llaves en mi mano. Sonrío una vez más con pena y meto la guitarra en el. Nada más apagarse la luz de los calentadores, acciono el arranque y a la primera el motor ronronea, como si estuviera a gusto con mi presencia. Eso me hace feliz... Momentáneamente.

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