lunes, 5 de diciembre de 2011

En soledad...

Todos entramos en ese pub que solíamos frecuentar, en el callejón de siempre, y nos sentamos en los sofás de siempre ante la mesa de siempre. Pero al franquear la puerta, yo vi algo que mis amigos no vieron. Allá al fondo, sentadas, estaban ellas, con la gente a la que siempre habíamos evitado. No me pareció nada extraño, a fin de cuentas se habían ido separando... pero dolía saberlo, y me enfadaba. Sin embargo, cuando me vieron y me saludaron, yo las saludé, con una sonrisa en la cara. No podría soportar llevarme mal con ellas por una tontería así, y además tampoco sabía qué había ocurrido. Lo mejor es quedar bien con todos, o al menos intentarlo. Me fui a la barra a pedir una cerveza, ya que los demás ya habían pedido cada uno lo suyo. Y allí me quedé, pensativo pero sin saber en qué pensar... ¿En el amor? No, eso ya tendría solución. Ahora me preocupaba otra cosa... pues acababa de entrar esa chica y estaba hablando con mis amigos. Yo seguía esperando mi cerveza, así que no quise ir. Además, no es que me lleve muy bien con ella, creo yo. Pero eso no fue lo peor... Mi hermano estaba también allí y se acercó a decirme que se iban con ella. En cambio, él se quedó. Como borreguitos, los demás siguieron a esa chica y yo quedé allí, con la única compañía de la cerveza que acababa de pagar. Entonces escuché una voz a mi espalda.
- ¿Qué haces aquí solo?
Al girarme, vi que una de las dos chicas que estaban con esa gente se había acercado a dejar algunas botellas a la barra. Por contestación, me encogí de hombros y dije:
- Se han ido con ella. Y aquí me he quedado. Mi hermano se iba ya para casa.
Aún resuenan en mi cabeza sus palabras:
- Has hecho bien en irte a Salamanca.
Y yo me quedé solo, en el bar, tomándome una cerveza y preguntándome... ¿Cuándo cambió todo? Estaba harto de problemas y de separaciones. Pero al final me había quedado solo. A veces me pregunto si yo me lo busqué, si hice algo para que todos, este año, cogieran y de repente se marcharan con otros en lugar de seguir como siempre, juntos, hablando de nuestras cosas y riéndonos; contando chistes malos para ver quién lo hacía peor, haciendo el tonto por la carretera... Pero no. Ya veo que todo ha cambiado... o que el único que no ha cambiado he sido yo. Me he esforzado por seguirles el rollo e irme de fiesta con ellos, pero a mí ese rollo no me va, y lo único que he conseguido es descubrir que la cerveza y el Bourbon me gustan. Pero ya está. Cuando crees en algo, y crees ciegamente, parece ser que no es tan fácil cambiar. Supongo que no soy como los demás y que he de aceptarlo. Supongo que no soy "normal" en esta sociedad de gente "normal". Supongo que soy, simplemente, "raro". Y los "raros" se llevan bien con todo el mundo, pero sólo tienen amigos "raros". Los demás son solo colegas. Lo que me pregunto es... ¿Son ellas mis amigas? ¿Se consideran amigas mías o simplemente se llevan bien conmigo? Porque a veces he llegado a pensar que los demás solo llaman a mi hermano y en esos momentos me siento como un intruso en ese grupo. Y los intrusos no suelen sentirse bien. No sé si me explico...

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