Hoy es uno de esos días. Uno de esos días en que escondes tu corazón al mundo porque tienes miedo de que vean cómo eres realmente. ¿Pero por qué ese miedo? ¿Por qué esa tristeza y esa forma de recluirse en el interior de tu corazón? Porque has luchado para nada. Has luchado para que esa persona a quien un día amaste más que a tu vida te traicionara, te diera una puñalada por la espalda. Has luchado para que alguien a quien considerabas tu amigo repentinamente la traicione, dejándote de lado por cualquier tontería. Tanta lucha, tantas heridas sufridas para que, al final, ocurra lo que querías evitar. Tu amor, antes fluido como un río, repentinamente se seca, dejando costras que te oprimen el pecho y astillas que te perforan el corazón. Tu confianza en las personas que te han traicionado se rompe. Puedes llegar a cambiar si algo así te ocurre varias veces.
Eso fue lo que me pasó a mí. Por eso desapareció la sonrisa eterna de aquel chiquillo, por eso se acabó la disposición de ayudar a los demás. En mí nacieron dos facetas: el ángel y el demonio. El ángel hace que pueda seguir sintiendo por la gente aprecio, amor o amistad; hace que sea capaz de ayudar a los demás, que siga siendo tan profundo. El demonio es quien se muestra en el exterior, es la frialdad de mi rostro, son las ganas de salir de fiesta y beber, el buscar cobijo en un cuerpo para intentar llenar ese vacío inacabable que sientes en tu pecho.
Pero sabes que hay gente en la que puedes confiar. Aunque haya malentendidos a veces, aunque haya ciertas dudas al fin y al cabo son amigos tuyos. Al fin y al cabo, les aprecias muchísimo, y ellos lo saben y tú también. Por eso les echas de menos. Porque sabes que en determinados momentos en que les necesites, estarán ahí. Y porque sabes que son ellos los que te sacarán de la monotonía de vivir, los que te arrancarán una sonrisa cuando estés triste, los que te ayudarán siempre que puedan... y con quienes podrás salir de fiesta sin preocuparte, o quienes te llamarán alguna vez para saber cómo estás cuando no estás con ellos. Sí, me refiero por supuesto a vosotros, que sabéis quiénes sois porque os lo he dedicado. Cuántas cosas hemos vivido juntos y cuántas nos quedan por vivir, ayer y hoy unidos, todos en familia. Quién me vio y quién me ve ahora.
Pensaréis que estoy loco, es cierto, porque tirarme tres horas pensando esto... tiene delito. Pero es que no sabía qué decir. A fin de cuentas, no siempre es fácil explicar lo que sientes... ¿No es así?
Desde lo más oscuro del corazón hasta la más bella luz interior. Allí se esconde el ángel oscuro, en el que se funden luz y oscuridad.
domingo, 30 de octubre de 2011
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